ES POR AHÍ, ARGENTINA, por @JuanButvilofsky

Algo que me gustó mucho, y me emocionó, durante mi cobertura de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro fue el sentido de pertenencia del hincha argentino por su deporte. “Vinimos desde Mendoza; somos del handball”, “somos del vóley”, “somos del básquet”, me decían los compatriotas con los que conversaba entre deporte y deporte, en el BRT, que es el Metrobús local, o en cada Parque Olímpico. Y es justamente ese amor por cada deporte amateur, lo que sostiene a toda una estructura deportiva, que trasciende a la inversión estatal y a la privada, a lo orgánico, incluso al ENARD, el ente que financia al deporte de alto rendimiento local con capitales mixtos.

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BRASIL, TE DIGO QUE SE SIENTE…

El miércoles, tras la jornada diurna en Deodoro para ver al Seven de rugby criollo, recibí un mensaje que me llenó de orgullo. Valentina Kogan, la arquera de la selección argentina de handball, me invitó personalmente a ver a La Garra. Parece una situación más, ordinaria, pero quiero darle real dimensión. El handball está participando de su primer Juego Olímpico de la historia, y Valentina está disputando su último y único Juego Olímpico. En medio de esa ensalada de emociones, en plena competencia, por empatía, me invitó personalmente para que las vea… Oro…

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QUE AXÉ, PAPÁ… Por @JuanButvilofsky

Me tomaba hasta tres colectivos desde San Martín para ir a bailar a Maluco Beleza. Traicionaba a la cumbia con el axé, vaya uno a saber por qué, sin poder coordinar los pies. Les daba la espalda a Ricky Maravilla y a Alcides, para abrazar al frenético espasmo que despertaba en mi humanidad “É O Tchan”. Este señor aproximaba el ecuador del traste hasta la boquinha da garrafa, y caía sobre la garrafa, y destruía la garrafa, una y otra vez. Así te quería, Brasil, cuando vivía en San Martín.

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QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA…

Cuando finalicé mis estudios en el colegio secundario tenía dos certezas: me gustaba mucho el deporte y no sabía qué quería hacer con mi vida… Diego Della Sala y Pablo Mariño, dos de mis mejores amigos, compañeros de estudios y de andanzas, habían decidido inscribirse en la carrera de periodismo deportivo. La decisión de ellos fue el impulso que se transformó en mi estímulo. Fue así como llegué, con 18 años, a la escuela DeporTEA, donde adquirí las primeras herramientas de este oficio.

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EMPEZARON LOS JUEGOS OLÍMPICOS!

No hay nada más distante a un día de sol en Río de Janeiro que una mañana de lunes de invierno, lluviosa y fría, en la gris Buenos Aires. Y es este contraste brutal lo que activa el MODO ON para la cobertura de mis segundos Juegos Olímpicos, el sueño que sueño despierto desde que dejé Londres, en 2012, mirando de reojo a los anillos… Esos cinco anillos quedaron marcados a fuego en la piel, en el espíritu, en todo el cuerpo. Yo resumo al hecho de estar en un Juego Olímpico de una manera muy simple. El mundo, por un ratito, gira más lento, y la ciencia ficción global carnicera, aún cuando las cosas siguen sucediendo, en ese pedazo de mundo de ensueño, se limita a lo más esencial: sólo se trata de jugar. No existe, supongo, algo más parecido al nirvana que fundirse en el tiempo presente al jugar. Bueno, allá voy, otra vez, a jugar a caminar Río de Janeiro, con los sentidos excitados, ávidos de novedad. A jugar a mirar cómo juegan. A jugar a opinar sobre cómo juegan los que juegan. A bailar. A ser parte del más maravilloso evento del deporte mundial.

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ODIO, por @JuanButvilofsky

El momento en el que vivimos es dramático. Y excede a circunstancias políticas o sociales pendulares, a partir de políticas o políticos. Estamos ciegos de fanatismos, no deseamos el bien común, queremos gritar más fuerte que nadie la nuestra, y que no se escuche otro matiz, y en el mejor de los casos, y puse mejor a drede, que desaparezca. No existe la más mínima chance de construcción social alguna desde nuestro presente. Si la autocrítica no le gana la pulseada al ego, pelearemos con palos hasta demoler lo poco que nos queda. El dedo acusador, de un lado y del otro, aplasta. Y que quede claro: este pensamiento no propone dejar de investigar lo que pasó o a los que están; se trata de nosotros, de sumar, de consensuar, de registrarnos. Yo, un rehén más de este circo, elegí un remedio para dar el primer paso. Pienso en Nelson Mandela y cómo contestó cuando accedió al poder, poder que ya tenía cuando estaba preso. Ese poder, el que ardía en el corazón de Mandela, es lo único que puede salvarnos. La revolución es celular. No esperen vueltas mágicas o sucesores magos. Sos vos. Soy yo. Hagamos.

La GRAN revelación. Siete años sin PEÑA…

Siete años sin Peña suena a título de revista pedorra, lacrimógeno, o a película de Brad Pitt. Vamos a celebrarlo, entonces, como cada vez en esta fecha, de acuerdo al artículo-uno-inciso-uno del testamento que nos gritó Fernando: con alegría, carajo, mierda…
El año pasado les revelé el secreto de la vida que él mismo me había revelado. Hoy elijo hacerles otra gran revelación, la GRAN revelación. Empecemos…
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