BRASIL, TE DIGO QUE SE SIENTE…

El miércoles, tras la jornada diurna en Deodoro para ver al Seven de rugby criollo, recibí un mensaje que me llenó de orgullo. Valentina Kogan, la arquera de la selección argentina de handball, me invitó personalmente a ver a La Garra. Parece una situación más, ordinaria, pero quiero darle real dimensión. El handball está participando de su primer Juego Olímpico de la historia, y Valentina está disputando su último y único Juego Olímpico. En medio de esa ensalada de emociones, en plena competencia, por empatía, me invitó personalmente para que las vea… Oro…


Fui a buscar la invitación hasta la Villa Olímpica (yo no estaba acreditado para este evento), Valentina bajó hasta el acceso para darme los pases, charla breve, abrazo, foto de rigor y promesa de encuentro futuro para presentar a las familias.

Hasta acá, emocionante. Una vez adentro del Arena do Futuro, otro de los coloridos estadios del Parque Olímpico, mi primera pálida, y no me refiero al resultado, ya que Francia, que ganó el partido, es mucho más poderosa que La Garra, nuestra selección. Por primera vez, por las dimensiones reducidas de este estadio, sufrí en primerísimo primer plano las agresiones insólitas de los brasileños hacia los argentinos. Aclaración importante: me refiero al idiota en masa, porque la calidez y hospitalidad de los anfitriones es maravillosa, como la ciudad.
También entiendo y asumo a la estupidez del fanático argentino promedio como caldo de cultivo, al Brasil decime qué se siente como bandera de la rivalidad, etcétera, pero ver a grupos de amigos locales o familias brasileñas completas, incluidos los niños, insultando a los argentinos de manera tan brutal, o festejando todo lo que fuera en contra del equipo argentino de turno, en este caso el handball, hirió mi humanidad.

Hice una prueba, sobre el epílogo del duelo. Me di vuelta, les dije con tono firme pero amable a los que estaban insultando a Valentina Kogan que ella era mi amiga, les conté sobre su fantástica historia de vida, los felicité por los Juegos, dialogamos, y a medida de que avanzaba el intercambio noté que se habían dado cuenta de su agresividad. Me pidieron perdón por las brincadeiras, o cómo se escriba, les dije que estaba todo bien, que era un juego, y después de estrecharnos las manos, nunca más volvieron a insultarme ni a insultar. Sin policía, sin piñas, sin locura. Todos, nos fuimos felices por Río 2016, en paz.

@JuanButvilofsky