Bolas tristes, por @JuanButvilofsky

No la conocía. No sabía ni un cuento, comentario o referencia acerca de esa forma de vida. Para mí, hasta ayer, no existía…

Nos topamos accidentalmente por primera vez en el mar. Sucedió, literalmente, dentro del agua… Había deseado ese momento, el chapuzón, la comunión subacuática con el océano, durante cada metro de los diez kilómetros que recorrí sobre la arena de Pinamar, en los Noblex 10k. Pero no quiero referirme a la carrera, sino al irrefrenable deseo de apagar el incendio que inician diez mil metros sobre arena blanda debajo del sol de enero…. Junto con amigos y colegas que habían sido parte de la fiesta del running, tan calcinados como yo, trotamos en chinelas como niños hacia el manso mar. Primero Facundo De Palma, después Dani Arcucci y por último yo, sigiloso, nos tiramos de palomita, a lo Aldo Pedro Poy, surcando olitas. Y de repente, ella. En realidad, ellas… Cientos, miles, millones… Tapiocas…

Las Tapiocas son medusas del tamaño de una gota de agua que llegan hasta nuestras costas cuando sopla viento norte. La corriente del Golfo es el remís natural que las arrima hasta acá, y ellas atacan, y lo hacen de manera puntual: ojos, axilas y en el área genital…

Cómo describir ese momento… Mis bolas, que ya venían paspadas de fábrica por correr con calzas los 10k, comenzaron a ser víctimas tristes de cientos de aguijones envenenados. Tenía una movilización de Raúl Castells en taco de aguja marchando sobre mis pelotas… Desesperado, con voz de pito, alerté a Facundo y a Dani, pero ya era demasiado tarde. Los tres juntábamos media docena de huevos colorados pasados por agua. Los tres habíamos conocido a las Tapiocas…

Alguna vez me había atacado una palometa. Pero había tenido códigos. Esta traición artera, hija del mar caliente, no va a terminar así. Ya encontraré la forma… Mientras tanto, hielo y, como dice Chiche Gelblung, memoria…

@JuanButvilofsky