Septiembre
2009
El Tablón: el de moño blanco…
Estábamos todos listos, menos “Larry”… Estaba Jesús, en la cruz, crucificado. Estaba el Padre Javier, cura a cargo del rito. Estábamos mis compañeros de cuarto grado y yo, todos engominados. Y estaban nuestros papás, exageradamente emocionados… Todos estábamos preparados para tomar la primera comunión, puros para recibir al cuerpo de Cristo, todos menos “Larry”, mi amigo, quien todavía no había llegado… La situación era desesperante. El sacerdote miraba su crucifijo, murmuraba cosas bastante parecidas a nuestras puteadas, buscaba con su mirada a la oveja descarriada, pero “Larry”, estimados lectores, no llegaba… El –¡Ahí está Larry!-, alarido que emitió la mamá de “Tolo”, otro buen amigo, fue más celebrado que la aparición de la mismísima Virgen María. Fue como ver al Diego de la mano de Giannina… “Larry” lucía feliz, como siempre, pero transpirado, incómodo por el desatino de su madre a la hora de prepararlo: la señora, por el apuro, le había chantado el moño blanco grandote, ese que va en el brazo, en el medio del cogote, como si fuera un payaso… “Larry” se venía como un mozo de “La Farola de Urquiza” enano, monumento al huevón al cuadrado, víctima de una involuntaria vanguardista fashion… Es inocultable que la cultura occidental, la globalización y el dispositivo que nos insertaron, ese que nos hizo adictos al consumo, han distorsionado la verdadera trascendencia de la estética en el ser humano, tan palpable como la ley natural que debemos atender: un cuerpo saludable es definitivamente una mejor casa para un espíritu luminoso y un cerebro evolucionado… A Diego Armando Maradona, el DT de la penosa selección argentina, se lo puede cuestionar por el funcionamiento de su equipo, por los nombres que ha elegido, y hasta por sus formas a la hora de argumentar los tropiezos, pero hostigarlo por querer bajar de peso, teniendo en cuenta su historial clínico, parece desmedido, mal intencionado y esconde otros objetivos… Nunca es inoportuna la intención de afrontar una recuperación de cualquier tipo. Es mucho más trascendente atender al físico que decirle a Javier Mascherano cómo debe jugar un cinco… ¿Quiénes habrán orquestado estas descalificaciones hacia el errante coach? ¿Querrán en su puesto a un adiestrador distinto? ¿Saben cómo comulgó “Larry”, amigos? Con el moño blanco en la pera. Como el Diego, “Larry” también fue un marciano…

