Octubre
2009
El Tablón: Villa Luro, un clavo y Palermo…
Tomé envión, me acomodé el jopo, miré a mi mamá, quien me arengaba desde el arenero, y me lancé con algo de miedo desde la cima del tobogán verde de madera, el más alto de esa plaza de Villa Luro… En el primer tramo, víctima del vértigo, había regulado la velocidad del descenso con las suelas de mis “Pampero”, pero fue sólo al principio; ya estaba en el baile, había que bailar, y yo me pensaba un bailarín experto… Definitivamente me sentía pleno. Me había atrevido al desafío más fenomenal. Sólo restaba recorrer un metro, pero aún el destino me tenía reservado otro obstáculo, uno muy parecido al infierno: un grueso clavo de acero, que sobresalía unos dos centímetros por encima de la pista, exactamente en el ecuador de las tablas, enemigo vejatorio que me frenó en seco… Mi grito se escuchó hasta Floresta. Mi madre, más sorprendida que desesperada, se quedó quieta e insultó al cielo. Y yo, desparramado en el aeropuerto de arena, lloré hasta que descubrí al milagro: mi vaquero azul marino me había salvado de una tragedia; lo único que había que reconstruir con hilo era un pequeño agujero… A River también hay que reconstruirlo. Son varios los clavos que habrá que sacar del medio. Si se tienen en cuenta las modificaciones que realizó en las últimas dos fechas del campeonato, Néstor Raúl Gorosito no renunció, se echó por su mal desempeño… Gustavo Cabral, el zaguero que confunde violencia con temperamento, fue una de las principales apuestas de “Pipo”, uno de esos clavos que le desgarró el proyecto. Cristian Fabbiani, el campeón de pico, a esta altura ni siquiera es serio. Fue este DT quien pidió hasta el hartazgo por este delantero… Como se esgrimió varias veces en este espacio lúdico, Gorosito no es el principal responsable del increíble hundimiento, pero tuvo su parte de culpa, y sus errores le valieron el puesto… Muy bien felicitado para el San Lorenzo de Diego Simeone, es un serio candidato al título. Lo del club de Núñez no tiene remedio, al menos hasta que tenga un nuevo presidente, alguien que esté a la altura del cargo, con ideas y un equipo y, sobre todas las cosas, que sea honesto.
*Desde ayer, en este espacio no se calificará más a Martín Palermo, ni en las buenas ni en las malas. Ya es de bronce, aunque a veces se mueva lento…


