Profertil

9
Octubre
2009

El Tablón: Apúntenle al siete…

Me había escondido debajo de la mesa de madera maciza del taller de mi abuelo; lo había hecho para asustarlo. Yo era un chico travieso… Esa habitación estaba saturada de radios descompuestas y televisores viejos. Era un cuarto pequeño transformado en negocio, que en otros tiempos había albergado a mi padre, cuando en vez de padre era el hijo de mi abuelo… Desde mi escondite se escuchaba claramente al viejo bueno puteando en voz alta, un poco en criollo, otro poco en alemán, preguntándose por su nieto. También se podía percibir al rezo de “Chiche”, mi abuela, reclamándole a la Virgen por su Juancito, el inquieto… Llegaron mis padres, desesperados, se sumaron los vecinos, todos desconcertados, y hasta un patrullero, un “Falcon”… Nada de eso había logrado conmoverme. Yo seguía ahí, estoico, entre un “Hitachi” y un grabador clueco… Cuando decidí que la broma no daba para más, como un presentador de circo, me aparecí entre el gentío riéndome, explicando mi chasco a los gritos… Si usted supone que el barrio entero aplaudió mi travesura de pie, presione #1. Si entiende que el pópulo se retiró del recinto indiferente, pulse #2. Si está seguro de que aún me late el traste por las ciento cincuenta y dos patadas que me ofrendaron, uno a uno, absolutamente todos los presentes, evidentemente también se escondió cuando aún era un purrete… Si la Argentina no le gana este sábado en el “Monumental” al combinado peruano, el peor del continente, Julio Humberto Grondona, Carlos Salvador Bilardo y Diego Armando Maradona se van a tener que esconder donde me refugié yo. Ese es el límite razonable que trazó el hincha promedio, la gente… En tiempos de malaria, el dirigente, el mánager y el DT se mostraron distantes, desafiantes y no trabajaron a la par, como cuerpo, cuando la realidad les pedía gestos diferentes… Si la albiceleste sortea este escollo y accede a la “Copa del Mundo”, las groseras diferencias entre las partes pasarán a mejor vida, de lo contrario, el sueño que no fue los obligará, a los tres, a darle paso a líderes más jóvenes, con más ideas y, sobre todo, con menos poses irreverentes… ¿Cómo acabará esta historia de desencuentros? ¿El éxito circunstancial volverá a unir al agua con el aceite? ¿A dónde se van a esconder los jefes si la Argentina no vence a Perú? (Yo conozco un taller de la gran siete)…



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