En 2001, cuando debuté en radio “Splendid”, mientras transmitía por teléfono de frente a un televisor una carrera de “Fórmula 1″, grité desesperado al aire: “¡El piloto Esteban Tuero acaba de abandonar la competencia; rompió la caja de seguridad!” (cuando en realidad se le había destrozado la caja de velocidad…), pero no claudiqué y remé hacia adelante… Exactamente un día después, durante un partido de tenis que cubría de frente al mismo televisor, exclamé vía telefónica: “¡Inolvidable triunfo de Hernán Gumy; se viene abajo el “Buenos Aires News”! (cuando en realidad se había desatado una fiesta en el “Lawn Tennis Club”, y no en el boliche que yo había visitado sin gracia la noche anterior), pero no me deprimí, y fui en busca de otra chance… Hoy, definitivamente consagrado en el mundo del periodismo deportivo (risas), puedo asegurarles que mi estrategia funcionó: bajar los brazos no merece la pena, aunque suframos una vida errante… No creo que esta burda experiencia le sirva de mucho al “Burrito” Ortega, frustrado como nunca por su adicción traicionera, esa que le borra los colores que brillaban antes, pero vale para celebrar la determinación de Leonardo Astrada, el entrenador de River: el joven sólo volverá a jugar cuando comience a curarse… No soy psicólogo, tampoco el padre de Ariel, un muchacho grande, pero por lo que uno ha visto desde la periferia, me pliego, si es que me lo permiten, a la determinación del DT que lo cuida como si fuera su padre… Que el jujeño ponga cara de traste y se queje, pero que se deje ayudar; nadie quiero verlo en la tapa de “Crónica”, una domingo por la mañana, sin alma por un accidente en la calle… Que el Dios del fútbol le haga el aguante, que su familia lo apoye y que él se haga cargo de lo que le toca. Si yo fui a “Splendid” después de las barbaridades que había dicho aquel lunes y ese martes, se puede volver a empezar; nunca, pero nunca, es tarde…