Noviembre
2009
Tablón: tengo una idea…
El grito de mi mamá se oyó nítido, tanto como las risas que le siguieron cuando descubrió qué pasaba. Mi papá, que había estacionado su coche en doble fila por el alarido, corrió hasta encontrarla, y cuando la ubicó y presenció al dantesco cuadro, también soltó una carcajada. No era para menos. Debajo del limonero que habitaba el fondo de mi casa, como quien no quiere la cosa, estaba Juan José, mi vecino y amigo de la infancia, quien había saltado la tapia que separaba a nuestros terrenos, se había colado en mi cuarto, había tomado mi juego de química y, disfrazado de científico con su guardapolvo de la escuela primaria, había montado un improvisado laboratorio en medio de las frondosas plantas… Evidentemente eran otros tiempos, bien distintos a los que vivimos, jornadas de miedo que son noticia porque las calles que transitamos ya no son parte del barrio: ahora son amenazas… No estoy capacitado para hacer un análisis socioeconómico de la realidad que nos atormenta; descuento que el hambre, la desigualdad y la falta de educación son los enemigos que no se atacan; aunque deseo desear algo: llamemos a las cosas por su nombre, desterremos a los lugares comunes, y ayudemos desde donde nos toque a los que peor la pasan… Matías Jiménez, futbolista del Club Atlético Tigre, quiso huir de su institución el martes pasado, espantado por las extorsiones de los barras bravas. Pese a que dio marcha atrás, no hay que dejar que su caso quede en la nada, porque representa emblemáticamente al flagelo que sufren sus pares, quienes no se animan a gritar sus miedos porque estos delincuentes no amagan: disparan… El jefe de gabinete Aníbal Fernández tiene la palabra. El fútbol para todos, el mismo que financiamos nosotros mediante el pago de impuestos, y que de gratis no tiene nada, será sólo para unos pocos si en vez de combatir al delincuente se lo contrata para embanderar las canchas con trapos oficialistas, a cambio de pasajes y entradas para ir a Sudáfrica… Existe una herramienta válida para modificar estilos, incluso cuando todo parece perdido. Ese vehículo es el pensamiento crítico. Preguntarnos por qué pasa lo que nos pasa es el puntapié inicial para que renazca la esperanza. Te lo dice un tipo normal, al que le ocurren las mismas cosas que a vos, como encontrar a un científico de siete años, debajo de un limonero, en el fondo de la casa…


