Profertil

3
Diciembre
2009

Tablón: River viejo…

Primero se voló el pan de arriba, el sombrero de esa hamburguesa que, por el viento furioso, había dejado de ser completa. El torbellino impiadoso que se había presentado sin avisar en ese parador de Villa Gesell también se llevó a la lechuga, a las dos rodajas de tomate y al huevo. Tampoco zafaron la feta de jamón cocido, la de queso, ni el pan de abajo, aún húmedo por los aderezos… El fenómeno típico de la costa argentina me había sacado, literalmente, la comida la de boca, y no me había quedado ni un peso… Cuando me paré abatido, otra ráfaga me timó el gorro. También arrastró al mantel, al plato, al vaso y a un florero. Después se voló la silla, rodó la mesa y hasta se elevó un viejo, que al rato se veía chiquito, lejano, gracias a su Dios todavía ileso… El vendaval también arrasó al parador. Sólo quedamos el torbellino y yo, que me había aferrado a la rueda de un camión que, apagado, avanzó unos cincuenta metros… Este relato de atardecer de verano no es cierto, pero es verosímil. Cuando en las playas criollas se cae el cielo, puede suceder todo eso… En el Club Atlético River Plate ocurre algo parecido. Las leyendas que circulan por los pasillos del mítico “Monumental” son absolutamente creíbles, incluso las que tienen forma de cuento… Que la sanguinaria barra brava millonaria, que cobijó la aún vigente comisión directiva que comanda José María Aguilar, se haya batido a duelo debajo de un quincho o un playón por dinero sucio, más allá de lo que diga la Justicia vernácula, es tan verosímil como esa tarde en Villa Gesell, cuando se voló hasta un viejo… El asesinato de Gonzalo Acro, que aún no se ha resuelto; la “apropiación indebida de impuestos” en la que incurrió Aguilar; los gastos a cuenta que hipotecaron a los próximos presupuestos; y todo lo que usted ha escuchado acerca de los que gestionaron a este gigante, son hechos concretos… Esto no invalida a la usina social que es la actividad educativa del Club, ni a los logros deportivos, ni al flamante museo, pero es una muestra en envase chico, rojo y blanco, de lo que no hay que hacer para evitar al infierno… Que el que tome la posta, sea quien fuere, no repita horrores recientes. El Club Atlético River Plate es mucho más grande que una década infame. Es necesario vivo, prepotente y glorioso, como en aquellos tiempos de ensueño, cuando soplaba tan fuerte como el viento, ese que hizo volar a un viejo…



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