Diciembre
2009
Tablón: Irma Roy…
El brutal límite hasta el que me permití llegar, antes de aceptar que la idea de dejarme crecer el cabello alocadamente no era sensata, rozó lo masoquista, me abofeteó en la cara. El último jueves, mientras disputaba un partido de baby fútbol junto con un grupo de amigos de la Radio, uno de mis oponentes gritó bien fuerte -¡Que alguien lo marque a Irma Roy!-, y luego me señaló- (no se rían; esa noche lloré en mi cama)… Más allá de que ese certero dardo dio en el blanco de mi alma, este columnista aún no se ha cortado el cabello; el “Pocahontas” del periodismo deportivo se la aguanta… Al Club Atlético Banfield tampoco le importa el qué dirán. El flamante titular del fútbol argentino no se siente menos campeón que otros, a pesar de que una parte de la cátedra desmerezca sus formas, supuestamente non sanctas… El hito de la aventura con final feliz que escribió Julio César Falcioni, el padre de la criatura, es justamente el argumento que explica al éxito de este grupo: desde el vamos, todos asumieron sus limitaciones y, a partir de la sensatez, nació un elenco práctico, que progresó con inteligencia, y que apostó por su plan en todas las canchas… Los amantes fieles del mítico “Taladro” del sur del Gran Buenos Aires tuvieron que esperar más de 113 años para verle la cara a Dios; ya se la habían visto a Falcioni; eso también engorda a la hazaña… Pido un fuerte aplauso para el monarca del balompié criollo. Que sus hinchas festejan con inteligencia, y que le hagan caso omiso a los que, envidiosos, minimicen esta genial campaña. En el baby de los jueves, a mí me baten Irma Roy, pero al pelo, estimado lector, no me lo corto nada…

