AYER TE VI, CERATI… Por @JuanButvilofsky

Sólo una vez en mi vida estuve cerca de Cerati, materialmente hablando. Sucedió en un gimnasio, bien lejos de un escenario. En aquella mañana de primavera, su última primavera, creo, antes del accidente que lo tendió en una cama, lo descubrí haciendo ejercicios. En realidad, Gustavo ya había terminado de ejercitarse, tal vez en la cinta, quizás caminando. Jamás me iba a permitir interrumpir su momento de relajación. Supongo, de manera difusa, lo que valen SUS momentos, la necesidad que tienen los artistas populares en materia de minutos sin el acoso de medios, de curiosos o de fanáticos. Por eso, simplemente celebré haberlo encontrado ahí, en un ámbito más vinculado al oxígeno que a lo tóxico. Durante ese breve instante de admiración distante, respetuoso, lo noté agotado. Y no se trataba de ese cansancio que le sigue a una carrera, a una rutina de pesas, o a sentadillas y saltos; Cerati lucia extenuado. Algo le pesaba mucho, especulé, y eso, deduje, lo hacía caminar levemente encorvado. Me apenó mi especulación improbable. Me conmovió sospechar que la existencia, para entregarle definitivamente LA verdad, lo estaba golpeando… A ese episodio, como un flash, le siguió lo que sabemos, y luego esto, que nos entristece… Y la adolescencia de muchos, y las noches entrañables, y la música ligera, han quedado huérfanas. Pero a mí me acaricia un alivio, una remota e improbable certeza. Sé, porque lo ve mi tercer ojo, y porque vibra en el pecho, que Gustavo camina sin cruz, brillante, y ya es parte de LA verdad, y su obra es eterna… Ayer te vi, Cerati, y espero verte otra vez, a donde sea, para encontrarte.

Por @JuanButvilofsky