BOCA ES CULPA DE BOCA, por @JuanButvilofsky

Si tenés tres potenciales ejecutores para hacerse cargo de un penal en el duelo más pesado del año, no tenés ninguno. Si tenés un tiro libre ofensivo y no sabés quién va a acomodar la pelota, tenés un problema. Si tenés un capitán distinto cada fin de semana, no tenés capitán. Si tu líder emblemático juega bien una vez por mes, no tenés líder… ¿O acaso cómo se construyen los liderazgos? ¿Con aparatos de marketing, excentricidades estúpidas o rendimientos positivos, valientes y, sobre todo, constantes?…

Boca es víctima de sus miserias, de los egos de una generación dorada, que catapultó a la institución hasta el cielo de este juego, pero falló en un aspecto sagrado: el legado. Los éxitos son intransferibles; ofrendar vivencias, para sumarle herramientas a quienes nos suceden, es una obligación. Y es ahí donde radica el gran fracaso del Boca contemporáneo. Los logros o las derrotas deportivas, van y vienen; son circunstancias. De hecho Boca celebró tres veces lo que hoy sufre por primera vez. La gran derrota de Boca no es haber fallado en un súper clásico; el punto neurálgico del fenómeno es que ya no tiene líderes ascendentes, el “jugador franquicia”, el hombre con la elegancia del conocimiento histórico del club de barrio, con la impronta de ese barrio, con la concepción nítida del significado de representar a esa camiseta, el tipo felizmente obligado a decirles a los más chicos el cómo, el por qué y el para qué.

Lo peor del éxito abrumador de ayer fue germen que se filtró en el vestuario, e infectó los egos de los maestros, los que iban a transferir al legado. Actitudes miserables, traiciones arteras, alcahuetes patéticos e hinchas de sus propios retratos condenaron a Boca a perder lo más difícil de encontrar: un marco de referencia, el modelo para armar en loop, irrompible, que no se resiente ante ningún cambio. Nadie va a quitarle méritos a Carlos Bianchi, a los Juan Román Riquelme o a los Martín Palermo; tampoco les quitarán sus medallas, ni el dinero. Es cruel caerles, tal vez, por algo que no eligieron. Pero la gloria es un tesoro que conlleva responsabilidades, indefectiblemente. Y ellos, LOS nombres, entre tantos otros que califican en ese contexto, sólo pensaron en ellos.

Rodolfo Arruabarrena se sale del molde. Llegó al cargo desde abajo del pedestal. Es un creíble anti héroe moderno. Transpira lo que inmortalizó a los muchachos del básquet, o al DT Sabella, por citar dos ejemplos. El nosotros por encima del yo. Y tiene como valor añadido su pasado dentro de aquel plantel, ese que edificó la nada después de ganarlo todo. En Arruabarrena Boca tiene una oportunidad. Si se dan cuenta de que no se perdió por un penal ejecutado de manera amateur, los que caminan Boca volverán al sendero correcto. De eso se trata la vida, al fin y al cabo; de humildad, conocimiento y humanidad, sobre todo, para compartirlo con el resto. El fútbol no es solamente un juego; ni es lo más importante de los cosas menos importantes. El fútbol somos nosotros, viviendo.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino