DESPERTARES, por @JuanButvilofsky

Entiendo que es el momento para que, nosotros, los ciudadanos sin roles ejecutivos, marquemos agenda, más allá del voto a uno u otro candidato. Agenda para nosotros, lo urgente, lo que está matando a nuestros hijos.

A propósito del debate circular sobre el flagelo social que potencia el consumo de drogas, volví a pensar en lo que entiendo, y siento, esencialmente, al respecto. Mis casi cuarenta años de de vida, de días y de noches, me enseñaron que la droga es anestesia. Ni más, ni menos. Y la droga tiene cien caras. Se bebe, se fuma, se inhala, se inyecta, se come, y muta, ofreciéndose dócil, desnuda, para evadir, temporalmente, la realidad imposible de afrontar sin consciencia de cómo y para qué ocurren las cosas.

La droga que asesina es la derrota involuntaria durante la pelea que no se pudo dar. La droga que mutila la mente y apaga el alma es la sustancia que gobierna la recta final, es la mierda que conquista al cuerpo y se apodera de la carne débil, putrefacta.

Yo me drogo, como todos, cuando, agobiado, me voy, de alguna manera, por un rato. No me meto mierda en el cuerpo, jamás, pero a veces, como todos, de alguna manera, flaqueo.

Mi batalla ganada que nunca se acaba es asumir los tropiezos temporales DESPIERTO. Y a partir de la definición que me inventé del concepto Dios, y de mis vivencias para convertir a mi teoría en ley y propia religión, percibo lo que esa fuerza que se manifiesta siempre a tu favor te muestra. Y es tan estimulante descubrir las pistas que esa manifestación esconde, que las ganas de estar DESPIERTO se imponen ante la necesidad de huir de la realidad, temporalmente.

No tengo la menor idea de cuánto podría ayudar la potencial despenalización. No tengo la menor duda de que jamás vencerán a los narcos. Y tengo la total certeza de que la revolución es celular. No es un político, ni una ley, ni una guerra, ni la libre venta de estupefacientes. Se trata de educación emocional, desde la más temprana edad, para que los seres humanos, nosotros, la gente común y corriente, podamos entender emocionalmente que existe un Lado B, que no todo será siempre como creemos que debería ser, que la muerte es parte de la vida, que las metáforas que fueron manipuladas por las religiones se ofrecen dóciles, desnudas, como vehículo hacia la única verdad, y que estar DESPIERTO duele mucho, pero te lleva, como arco iris de fábula, hasta el tesoro, el contento, ese estado de ánimo inalterable, de ensueño.

No soy quién para decirte que no te drogues; no tengo autoridad moral para hacerlo. Pero, si me permitís, te dejo esto, una idea sincera al respecto. Indagá en las fuentes del conocimiento, ayudá al que no puede porque está preso, y, si podés, no te metas mierda en el cuerpo. Sé que es tentador el viaje transitorio, el parche, la nube de colores que alivia el tormento, y sé que es mejor sobrellevarlo DESPIERTO. Las salidas del laberinto están ahí, te están esperando, y existe una mano invisible que empuja, todo el tiempo.

En línea con la serie de ideas que compartí esta semana, entiendo que esta es la más trascendente; el hecho de sabernos únicos protagonistas del cambio. Aún aceptando lo fundamental de una estructura democrática armónica, evolucionada y fiscalizada, el voto, a veces, es el silencio, es mirarnos hacia adentro. Que tengamos todos un futuro maravilloso, juntos, en disidencia, con pensamiento crítico y DESPIERTOS.

@JuanButvilofsky