DINÁMICA DE LO INSENSATO, por @JuanButvilofsky

Boca no juega a nada, desde hace más de un año. Es así. Es una verdad innegable. La sentencia engloba errores estratégicos y de ejecución, fallas técnicas y carencias emocionales. Todo luce anárquico y deformado.

Carlos Bianchi se desdibuja a la velocidad de la luz, defendiendo lo indefendible, señalando con orgullo al subcampeonato del torneo que ganó River, a partir de un triunfo contra Boca en la Bombonera… Aquella sumatoria que logró el sufrido conjunto de la Ribera en la recta final del semestre pasado fue cosechada cuando ya no había chance alguna de disputar la corona. Ese colchón de puntos, además, se forjó desde los arrebatos fabulosos de un Riquelme que jugaba para él, haciendo brillar a todo lo que lo rodeaba. No había más mérito que la capacidad extraordinaria del ex capitán despechado.

El mercado de pases que se acaba le dio a Bianchi todas las herramientas que él deseaba. Acumuló variantes ofensivas, sobre todo, para darle vuelo a su formación sin alas. Pero la primera apuesta fue un once con tres volantes centrales. Y su primer volantazo estratégico le valió la salida a Federico Carrizo, el zurdo que llegó desde Central, el chico que había entendido como ningún otro lo que se estaba jugando.

Aún sin ser ético, no es tan grave que a Federico Bravo lo represente Mauro, el hijo de Carlos. Lo curioso es que el proyecto de futbolista aún no exhibió cualidades salientes, y para el entrenador hoy es dueño de un rol bien pesado… Lo de Hernán Grana salta a la vista. Deja el alma en cada cruce, pero es un recurrente protagonista de tropiezos en primer plano. “Fue tan solo un mal pase”, argumentó el DT, acerca del nacimiento del gol de Newell’s… No, Carlos. Fue un horror de criterio; un pase central, a espaldas de los volantes que salen, hacia un compañero quieto, y con la línea de atacantes visitantes presionando alto. No es sólo un mal pase. Es una síntesis del pensamiento actual de un DT que sostiene sus caprichos a cualquier precio, precio que le puede valer el cargo.

Si el nuevo líder del nuevo Boca va a ser Fernando Gago, Bianchi deberá rodearlo de opciones, y el refinado volante, además, deberá hacerse cargo. Si Cata Díaz va a ser el estandarte moral, deberá ordenarse, para acomodar a todos los que hoy lucen atolondrados. Si los “viejos” atacantes van a competir con los “nuevos”, deberán anotar goles, o al menos intentarlo, o al menos enojarse cuando reciben pelotas como cascotazos. Si el Virrey va a insistir con su fórmula, deberá ser creíble, hacia adentro y hacia afuera, y deberá asumir que está fallando. Si Daniel Angelici se va a atrincherar detrás del oneroso plantel sin Riquelme, deberá dar la cara en el día a día. Tal vez sea el menos responsable de todos, porque obró a partir de los espasmos del técnico, pero es quien conduce al barco, un Titanic que aún no se hundió, pero que está averiado…

Boca no juega a nada. Y es una gran oportunidad. Ya no puede haber algo tan malo.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino