EL COMPLOT, por @JuanButvilofsky

Las mujeres me miraban, TODAS, y se reían, mucho, pero no se acercaban. Soul Train rebalsaba por tanta hormona. Todos los adolescentes éramos de fuego. Evidentemente, era mi noche… Mi corte carré era el perfecto marco castaño de la redondez de mi cara pálida… Absolutamente confiado, me acerqué hasta las narices de una quinceañera, le sonreí de costado, a lo Maestro Tabárez, pero no tuve feedback alguno. Repetí la avanzada una y otra vez con otras muchachas. Una, dos, tres, y hasta diez veces. Y nada. La tragedia en loop me asfixiaba…


El anzuelo en serie nacía desde la sonrisa de una dama, a la distancia. Pero cada una de mis escaladas felices chocaban contra una carcajada violenta, que impulsaba huidas desesperadas…

Mis amigos ya se habían dispersado por las venas abiertas del boliche en San Martín. Necesitaba una segunda opinión. Y de manara urgente. Algo estaba mal, pero no sabía qué era lo que (me) estaba pasando en aquella mitineé afiebrada.

Antes de caer de nuevo en la trampa, tomé un sorbo de jugo de algo de color naranja, me senté en un reservado vacío, miré hacia arriba, luego hacia abajo, y por último, hacia el espejo que tenía de frente. Y fue en ese instante cuando vi la luz en el fondo del túnel. La luz negra, en realidad… Antes de salir de mi casa, se me había ocurrido tapar mi acné juvenil con una crema que usaba mi madre, de vez en cuando. Dentro del boliche, vaya uno a saber por qué, la luz negra destacaba mis parches y los transformaba en balizas. Cuando me descubrí en el espejo, parecía un dálmata de ciento ochenta centímetros, con pelo carré, camisa leñadora y pantalones nevados. Un espanto…

Aquel episodio que aún relato en terapia me recordó a Carlos Bianchi. Muchos acusan al plantel de Boca de haberle tendido una cama al DT, para eyectarlo del cargo. Yo creo que el complotador fue él (y sus circunstancias). Fueron tan evidentes sus errores en materia de elecciones, que su formación errante se lo devoró de cabo a rabo. Y no se trata de inacción. Su once ideal no tenía ni pies ni cabeza. Simplemente era un espanto, como yo, en Soul Train, aquella noche de verano.

Rodolfo Arruaberrena se quitó los méritos después de vencer a Vélez, por decoro. Parece inexacto decir que el Boca de ayer fue cien veces mejor que aquel que se arrastraba y se iba derrotado. El Boca de ayer fue otro Boca, con otros nombres, y con otro dibujo táctico. Y aunque esto recién empieza, evidentemente algo ha cambiado.

River, por otro lado, da exhibiciones como en los buenos viejos tiempos. Es más placentero ver a este River que al que ganó el campeonato. Bien por el Muñeco, y por sus muchachos. Vale también un aplauso (medalla y beso) para Independiente. Esperó mucho por este domingo de redención, y celebró un título; eso es lo que vale un clásico. Racing fue un auto atentado. El referí no fue más pesado que sus errores defensivos y su arquero estático.

Se desparramaron las fichas en el tablero. Y, aunque la fiesta recién empieza, ya se escuchan los acordes que serán tendencia, hacia dónde vamos… Música, DJ, y un pañuelo mojado, por favor, para sacarme la crema marrón de los granos, que me está matando…

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino