EL LUIS MIGUEL DE PUNTA MOGOTES, por @JuanButvilofsky

Las luces de la pizzería se habían apagado de manera abrupta. Y no había sido un corte de luz… El digitado ocaso de la fonda era el preludio de un show que nadie había ordenado, el de un triple de riesgo Luis Miguel de unos cincuenta años…

De todos modos, en penumbras, el gentío seguía exigiendo empanadas. Yo había mordido dos de verdura y una de humita, y las había arrimado sigilosamente hasta el plato de mi hermana; estaba dispuesto a morder a todo lo que me rodeaba hasta encontrar la de pollo con salsa blanca. Y de repente, el murmullo popular, hijo reconocido de la hambruna, se transformó en silencio. Y en ese instante detuve mi búsqueda desesperada. Y de pronto irrumpió su voz, la voz que nadie esperaba… -¡Buenas noches, Mar del Plata! ¿Cómo la están pasando? ¿Bien? ¿Ricas, las empanadas? Damas y caballeros, soy Ernesto, el hombre que le canta al amor…-, se presentó con gracia…

Ernesto no se parecía a Luis Miguel. El traje blanco le quedaba grande, los mocasines marrones le quedaban chicos, y para colmo, se le secó el gel después de la primera canción. Pasó la primera, la segunda, la tercera, de pronto flash, la chica del bikini azul, y los mariachis (uno era el mozo), y no sé tú, pero yo, me quería suicidar… Fue ahí, en ese tenedor libre de Punta Mogotes, cuando me sentí rehén por primera vez. Fue un secuestro exprés, que duró lo que dura un elepé largo…

El Carlos Bianchi de hoy me recuerda al Luis Miguel de Punta Mogotes. Sus rehenes son los nobles hinchas Boca, que lo aplauden cuando irrumpe, cada vez, y se van antes, como nunca, respetuosos, de ese show insufrible que jamás soñaron. El DT confunde respeto con crédito ilimitado.

Este escrito no tiene como finalidad pedir la cabeza de nadie; procura entender qué es lo que pasa por la cabeza de alguien que no acepta lo que está pasando. Nadie va a poder borrar, jamás, la historia de oro que Bianchi supo construir. La actualidad de Boca se merece un análisis sensato. Bianchi no puede encadenarse al hincha de Boca de manera eterna. El hincha de Boca nunca va a pedirle a Bianchi que de un paso al costado.

Mientras tanto, cada domingo, a media luz, sigue sonando la misma canción, una y otra vez. Y el hincha de Boca sigue ahí, rehén, sufriendo a ese show decadente, escuchando al Luis Miguel de Punta Mogotes, el músico de un Titanic que se hundió muy rápido.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino