EL PADRE TEVEZ, por @JuanButvilofsky

Los más destacados personajes de la historia de la humanidad tuvieron un denominador común en la génesis de sus travesías intelectuales hacia el bronce de todos los tiempos: sus padres jamás concurrían a las entregas de boletines. La evidente falta de contención de los desalmados progenitores deformó las personalidades de estos niñitos, quienes se vieron forzados a ser exageradamente más buenos, perseverantes y creativos, hasta mutar y erigirse en prohombres. Y todo esto sucedió por una sola razón: reclamaban desesperadamente por un acto de amor, contención esencial, una suave palmada en el hombro, un Guaymallén del Chino Maidana, tan solo una firma en el boletín, el postre con dulce de leche antes de ir a la cama.

El teorema de Juan Butvilofsky acerca de la genialidad humana es claramente aplicable al caso Tevez. El Apache se había convertido en genio del balompié como tantos otros genios de clase baja, buscando visibilidad; amor, en este caso, parece que no faltaba. Sólo lo iban a mirar si hacía malabares (y goles) con la número cinco atada. Esa es, a veces, la única herramienta en el barrio para que algunos levanten la mirada.

Carlitos volvió más sabio desde su periplo por las ligas de del mundo. Sobre todo, tras su estadía en Italia. Se había ido superado por la popularidad; regresa para contener al pópulo que por obra del gas pimienta se quedó sin alma, y sin habla. Tevez regresa al nido para ofrecer liderazgo y contención fraternal. Hoy el tutor es él. Hoy el club es el chico de las notas bajas… Pelotas a la tribuna (o no es ese el juguete más lindo del mundo?), palabras severas para enderezar la causa (“les voy a explicar qué significa Boca”), respeto por los mayores (fue muy elogioso cuando nombró a Román y destacó a Maradona) y un postre para el que se porte bien (“tenemos que recuperar la mística, ganar el campeonato y volver a Japón”). Tevez volvió a su casa después de una década de trabajo afuera. Boca necesitaba de un líder real. Ahora, a jugar. La última palabra se escribirá en la cancha. Y no se olviden de ir a las entregas de boletines, por favor: genios sobran y amores faltan.

@JuanButvilofsky