EL REY DE LA CALLE VIAMONTE SE HA MUERTO, por @JuanButvilofsky

Julio Humberto Grondona continúa siendo mi mayor desafío intelectual. Es el posgrado sin título para mi oficio. Me obliga a no caer en lugares comunes. Me eyecta desde un refugio de vacaciones de invierno hasta una bicicleta vieja para conectarme a Internet. Necesito desesperadamente esculpir esta idea. La manera de hacer de Grondona, más argentina que la birome, el bondi y el dulce de leche, es la difusa y delgada línea que separa lo amoral de lo que llevaría a una cárcel común a cualquier hijo de vecino. Y es tan finito ese agujero negro, que me aplasta la cabeza, me hunde y me lleva a bucear en nuestra idiosincrasia, en qué habría hecho yo en ese momento, en leyes y normativas, en avivadas de barrio, en los códigos de la calle, y cuanto más buceo, más finito es el límite, tan finito como la vida de todos, incluso la de Don Julio… La Biblia, el calefón y “Todo Pasa”. El Rey de la calle Viamonte se ha muerto.

El presidente del Club Atlético Arsenal, fundando por Julio Humberto Grondona, es Julito Grondona, su hijo… Y el máximo responsable del fútbol juvenil argentino es Humbertito, su otro hijo…. Y esta es la plataforma de despegue de mi dilema ético: ¿Qué habría hecho yo, o qué habría hecho usted, estimado lector, en ese contexto? ¿Habría llamado a concurso para designar a un punto en el cargo? ¿Habría seguido la vernácula tradición de acomodar a un pariente honesto (o deshonesto)? ¿Cuál es la diferencia entre un común y un magnánimo a la hora de obrar? ¿Lo que nos separa de lo que denunciamos es el tamaño de los presupuestos?

Mi elección, definitivamente, es que hay una sola manera de hacer, y un pacto social que regula. Todo lo demás es algo así como una filosofía del auto engaño. VERSO.

La posta de Grondona la toma Luis Segura, el presidente de la Asociación Atlética Argentinos Juniors, el mismo que aceptó haber vendido entradas de protocolo en el Mundial de Brasil, a la vista del universo. Creo que eso define al perfil ético de la AFA. Esto no tira por la borda a lo que se hizo bien en treinta y cinco años de verticalidad, sobre todo en materia de selecciones, pero deja en evidencia a esa manera criolla de proceder, que mezcla todo en una misma olla. No se trata de camuflarse para simular ser honesto. La discrecionalidad, huérfana de normativas, fue el disfraz perfecto.

Puedo mirar a la muerte de Grondona a los ojos. Siempre escribí en esta línea. Siempre lo hice a través de pruebas y de argumentos. Descuento que Grondona me habría detestado profundamente por no validar sus copas, sus medallas, su predio, su fútbol para todos, su leyenda made in FIFA, o su capacidad de gestión. Y aún notando que hay mucho de eso, no lo acepto a cualquier precio. Y lo escribo en potencial, porque descuento que jamás le importó lo que pensaba el resto. Decir que nace una nueva era en el fútbol argentino sería caer en un error colosal, creo. Queda una estructura perfectamente diseñada para silenciar rehenes y cobijar a cómplices. Creo que tan solo se fue un cuerpo.

No soy de ese tipo de personas que canonizan a un difunto por el natural hecho de haberse muerto. Tampoco voy a tratar a Julio Humberto Grondona como a un criminal de guerra, ahora que yace en un féretro. Lo cortés no quita lo valiente. Desde acá, mi crítico respeto.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino