EMPEZARON LOS JUEGOS OLÍMPICOS!

No hay nada más distante a un día de sol en Río de Janeiro que una mañana de lunes de invierno, lluviosa y fría, en la gris Buenos Aires. Y es este contraste brutal lo que activa el MODO ON para la cobertura de mis segundos Juegos Olímpicos, el sueño que sueño despierto desde que dejé Londres, en 2012, mirando de reojo a los anillos… Esos cinco anillos quedaron marcados a fuego en la piel, en el espíritu, en todo el cuerpo. Yo resumo al hecho de estar en un Juego Olímpico de una manera muy simple. El mundo, por un ratito, gira más lento, y la ciencia ficción global carnicera, aún cuando las cosas siguen sucediendo, en ese pedazo de mundo de ensueño, se limita a lo más esencial: sólo se trata de jugar. No existe, supongo, algo más parecido al nirvana que fundirse en el tiempo presente al jugar. Bueno, allá voy, otra vez, a jugar a caminar Río de Janeiro, con los sentidos excitados, ávidos de novedad. A jugar a mirar cómo juegan. A jugar a opinar sobre cómo juegan los que juegan. A bailar. A ser parte del más maravilloso evento del deporte mundial.

Las coincidencias no existen. Uno, cuando hace cosas despierto, y entiendo a estar despierto como al acto consciente de elegir correctamente sin importar las consecuencias, se aproxima a las coincidencias. Pero no quiero aturdirlos con mi idea acerca del paso por la vida. Volvamos a Río. Bueno, mi gran amigo Geraldo, a quien no conozco, pero sé que es un gran amigo, se ofreció para irme a buscar al aeropuerto a la medianoche del día de mi arribo a Brasil. Geraldo es el dueño de la posada donde me voy a alojar. Y como el lugar en donde voy a alojarme no ofrece café da manhã, Geraldo también me invitó a desayunar junto con su familia cada mañana. Ya es mi familia, y no los conozco. Y las coincidencias no existen. Elegí bien… Geraldo me dijo en broma que me iba a buscar esa noche al aeropuerto si alguna vez lo invitaba a tomar una cerveza. Te la ganaste, amigo querido que aún no conozco. Ya habrá tiempo para hablar portuñol y para brindar y beber.

No voy a llevar equipaje. No más que un bolso grande. Sunga, por supuesto. Y a los fundamentalistas en bermudas les digo: tela hasta las rodillas, bolas paspadas, un tercio del cuerpo blanco teta blanca entre el ombligo y las pantorrillas… No cierra por ningún lado. “Es con sunga”, es la traducción al portugués del “era por abajo, Palacio”. Y después, accesorios, porque el uniforme es la sunga. Un buzo para la noche, un shorcito por si salgo a correr, y un pantalón largo por si me impiden ingresar en sunga a cenar la fonda de turno que seleccione para comer platos típicos.

Ya tengo mi acreditación para la central de medios. Ya está okey el acceso a los eventos que voy a bloguear. Ya está prendida fuego la tarjeta de crédito. Ya le mandé el mail a Geraldo con la hora de llegada y el número de vuelo. Ya sé qué le voy a regalar a mi amigo por la onda. Ya me fijé en el pronóstico extendido con qué clima me voy a encontrar y lloré lágrimas de caipirinha al descubrir sol y temperatura de verano. Ya quiero que sea el día y no quiero que llegue nunca, o que todo suceda despacio, como sucede cuando jugás, como en los Juegos Olímpicos. Y será así, durante toda mi estadía. Con textos, fotos, videos. Como siempre, para hacerlo interactivo, y si se puede, para que viajen conmigo. Falta poquito. Me esperan Bolt, Phelps, Manu, el Vasco Olarticoechea, y Geraldo, mi Geraldo querido. Para mí, este lunes de lluvia, empezaron los Juegos Olímpicos.

@JuanButvilofsky