FELIZ NAVIDAD, por @JuanButvilofsky

Una mesa larga, de madera, sostenida por caballetes, sin mantel. Sobre la mesa, palitos, papitas, sanguchitos de miga, pan dulce y algunas botellas de Coca. La mesa navideña de tablón, montada en la redacción del noticiero de CVN, era entrañable, pero no era la mía: no estaba en mi casa. Yo tenía diecinueve años, y estaba dando mis primeros pasos como asistente de producción en el por entonces Multimedios América. Fastidiado por la situación, murmuré en voz alta, para que me escucharan algunos, algo así: “Qué cagada estar laburando en Navidad”. Inmediatamente, sin levantar la voz, pero con la firmeza y la convicción paternal de alguien que sabe mucho más que vos, y que además lo está compartiendo, Sergio Barberis, uno de mis compañeros en el noticiero, me marcó: “Juan, deberías agradecer que tenés trabajo”. Yo entendí perfectamente el fondo de la enseñanza, la razón del reto, y es mi vector en la vida aún en el día de hoy, ya con cuarenta años; honrar al trabajo como manera única e indispensable, en mí, está marcado a fuego.

Leo, con angustia, porque los conozco a casi todos, porque crecimos juntos en medios, porque compartimos fines de semana, feriados eternos, Navidad y Año Nuevo, sobre colegas que han sido despedidos. Y más me entristece todavía la confusión generaliza que reina en cuanto a quienes somos los laburantes de medios, y quienes los dueños de esos medios, y caen en la misma bolsa un pasante explotado, o mal pago, en el mejor de los casos, junto con un sicario que juega al poder con fondos públicos arbitrariamente asignados, desde una radio, un canal o un diario. Yo les puedo garantizar, esquivando a las balas de la polémica circular, que la inmensa mayoría de las personas que trabajamos en medios de prensa, estamos al margen de eso. Sé también perfectamente que cometemos errores, como naturalizar que el Estado pague en proporción diez a uno respecto de un privado, o la desproporción en los medios privados de acuerdo a los roles, y después todos, otra vez todos, pagamos el precio. Pero esa es otra historia, más allá de que esté vinculada; es otra discusión que debemos darnos. Pero el espíritu de este escrito es recrear aquella mesa navideña, porque esa Navidad de obreros, de hombres y mujeres apasionados que sostienen familias haciendo malabares, no tiene absolutamente nada que ver con la ideología o una elite con megáfono y bolsillos llenos. Si pudieran notar el compañerismo, la generosidad, el mate y los bizcochitos, prestar el mango, hacer magia con ese mango, los sueños, sumarían una herramienta fundamental para entender al que sufre por una industria carnicera, prostituida y camaleónica, que es o deja de ser de acuerdo al cambio de dueño.

La falta de una conducción vertical clara, tal vez, el mirar hacia otro lado ante las condiciones precarias, las vanidades por espacios de exposición, el vaivén de la economía macro. Todo juega. Pero en las bases, más de un ochenta por ciento, hay profesionales valiosos, personas de bien, enamorados de este juego, padeciendo. Mi solidaridad con todos esos compañeros, muchos de ellos amigos, que hoy sufren por esta injusticia. Y cuando hablo de injusticia me refiero a que los fusionen desde un lugar común con los “dueños”. Todos hemos perdido trabajos. Muchos lo recuperaron. Otros han cambiado de rumbo. Ninguno merece ser insultado o agredido porque el medio era afín o detractor del capital que estaba, o no estaba, de la caja de turno. Feliz Navidad para todos los laburantes honestos de medios. Y gracias por tus palabras, Sergio. A los más chicos: honren al trabajo. Es una bendición poder dedicarse a esto.

@JuanButvilofsky