GRACIAS POR VOLAR CONMIGO

Lo primero que debe saber quien no conoció a Fernando Peña es que, gracias a la gesta artística de este argentino-uruguayo, las mismas personas que hace unos diez años, más o menos, veían al homosexual como a un marciano, finalmente entendieron que existen muchas más opciones sexuales que las dos que nos inculcaron en la salita celeste, o la rosa, cuando dimos los primeros pasos.

El mismo señor que no sabía cómo abordarlo, por pánico, gritó “Putooo Lindooo!”, más tarde, desde la cola de un banco.

Vivir con armonía, respetando la diversidad del ser humano y su entorno. Así de sencillo. Así de complejo. Por esa causa abogó Fernando.

Si les sirve de algo, ahora con la ropa de amigo, les aseguro que debajo del disfraz de ese Terminator salido de una película porno habitaba, burlón, un chico. Un nene hincha pelotas, súper dotado emocionalmente, que expuso sus contradicciones y nuestras miserias a través de sus criaturas, que de personajes no tenían nada. Éramos nosotros, tropezando.

Lo disfruté cada mañana, durante unos cuantos años, junto con el resto de los chicos de “El Parquímetro”. Me honró con su amistad y su cariño, chicaneándome, riéndose junto conmigo, consciente de que yo jugaba a lo mismo. Me dedicó su libro, “Gracias por volar conmigo”, con un sentimiento hermoso. Me repitió sonriendo, cada vez que enriqueció mi columna junto con Palito, “No sabés lo que te tengo que querer, para soportar cada mañana a un periodista deportivo”… Ese es mi tesoro. Nunca te voy a olvidar, amigo.

@JuanButvilofsky