LA PIEL QUE HABITA, por @JuanButvilofsky

Con la misma tristeza de ayer, pero más tranquilo, y sin salirme de los límites del juego aunque el fútbol los exceda como fenómeno social, quiero ponerme en los zapatos de Messi por un momento.

Yo soy de los que se reservan opiniones sobre personajes extraordinarios, ya que no tengo una sola vivencia similar, herramienta fundamental para entender el sentir, el decir y el hacer de estos hombres o mujeres sin par… Cómo absorbe un Messi el mandato de cuarenta millones, cuando yo apenas puedo cargar la Cruz de mi consciencia? Cómo sostiene un Messi el paso sereno, ante el juicio del mundo tras cada acción? Cómo será estar en el centro de la escena, siempre, aún cuando tu perfil es más bien reservado? Cómo esquivar al amigo del campeón, al enemigo oportunista, que es aún más patético, y a tu propio ser, borracho de tanto estímulo? Y el chico contesta sereno, pensando, diciendo y haciendo en sintonía, con buena fe y sin estridencias. Casi, flotando. No quiero caer en la trampa de analizar a un partido de fútbol, porque eso lo excede; se juega de a once. Quiero comprender al hombre que dice basta y da un paso al costado, costado que no tiene reservado, que ni él puede pagar, porque en el universo de la gloria o Devoto el látigo no concede descanso. Revendedores de entradas patéticos, inútiles procesados y delirantes que aspiran poder lo dejaron solo, en el centro del escenario global, para que fuera destrozado. Ganaron. Ahí está el barbado errante, llorando por la cuarta final perdida. Se escucha fuerte el rugido, el “fracasado”… Cómo será habitar hoy esa piel? Qué pensará el culpable de todos nuestros males? A quién le van a revender ahora las entradas de protocolo? Quién va a protagonizar el próximo comercial de botines? A quién vamos a amar mañana, para crucificarlo más tarde, si la pelota pega en el palo? Necesito irme de mí. Lo intenté todo. Quién soy? De qué me estás hablando? Dejame en paz. Te lo ruego. Al menos por un rato.

Por @JuanButvilofsky