ODIO, por @JuanButvilofsky

El momento en el que vivimos es dramático. Y excede a circunstancias políticas o sociales pendulares, a partir de políticas o políticos. Estamos ciegos de fanatismos, no deseamos el bien común, queremos gritar más fuerte que nadie la nuestra, y que no se escuche otro matiz, y en el mejor de los casos, y puse mejor a drede, que desaparezca. No existe la más mínima chance de construcción social alguna desde nuestro presente. Si la autocrítica no le gana la pulseada al ego, pelearemos con palos hasta demoler lo poco que nos queda. El dedo acusador, de un lado y del otro, aplasta. Y que quede claro: este pensamiento no propone dejar de investigar lo que pasó o a los que están; se trata de nosotros, de sumar, de consensuar, de registrarnos. Yo, un rehén más de este circo, elegí un remedio para dar el primer paso. Pienso en Nelson Mandela y cómo contestó cuando accedió al poder, poder que ya tenía cuando estaba preso. Ese poder, el que ardía en el corazón de Mandela, es lo único que puede salvarnos. La revolución es celular. No esperen vueltas mágicas o sucesores magos. Sos vos. Soy yo. Hagamos.