QUE AXÉ, PAPÁ… Por @JuanButvilofsky

Me tomaba hasta tres colectivos desde San Martín para ir a bailar a Maluco Beleza. Traicionaba a la cumbia con el axé, vaya uno a saber por qué, sin poder coordinar los pies. Les daba la espalda a Ricky Maravilla y a Alcides, para abrazar al frenético espasmo que despertaba en mi humanidad “É O Tchan”. Este señor aproximaba el ecuador del traste hasta la boquinha da garrafa, y caía sobre la garrafa, y destruía la garrafa, una y otra vez. Así te quería, Brasil, cuando vivía en San Martín.

Jamás imaginé que mi primera vivencia en Río de Janeiro, más allá de un paso exprés camino a Buzios, y otro aún más veloz rumbo a Río das Pedras, se iba a dar durante un Juego Olímpico. Es cierto, el vector de la fiesta será el deporte, y el pulsar de la ciudad maravillosa en torno al Juego Olímpico, pero al fin y al cabo es Brasil, y es, a escala Cristo redentor, un mega Maluco Beleza. Ayer, mientras se izaba la bandera argentina en la Villa Olímpica, noté cómo en fracción de segundos la solemnidad se desmoronó por la acción de un grupo comando local, que se metió en medio de los deportistas y comenzó a revolear las cachas como Dahlgren, cuando eyecta al martillo, o como Toledo, cuando le prende la mecha a su jabalina. Volaban brillos y lentejuelas, danzaban todos, oficiales, atletas, los chicos, las chicas, y vamos los pibes las manos arriba… Este aspecto sociológico es uno de los puntos que quiero profundizar. Quiero comprender ese estado de festa tropical, aunque Tristeza não tem fim, Felicidade sim… Pronto, desde el domingo, puntualmente, comenzará esta investigación. Porque yo quiero, básicamente, vivir así.

@JuanButvilofsky