RIQUELME ES… Por @JuanButvilofsky

Es impactante, y algo perturbador, descubrir la otra cara de esas personas brillantes, magnánimas, cuando se apagan las luces del contexto que las realza. Somos nosotros, al fin y al cabo, quienes idealizamos de manera exagerada a determinados pares. Y esa imagen distorsionada es la que genera las contradicciones que nos aplastan. Somos absolutamente compasivos con los ídolos, generalmente, cuando cumplen con nuestros mandatos. Somos extremadamente crueles con estos prohombres, casi siempre, cuando fallan. Y despotricamos contra sus egos monumentales, mirando hacia algún costado, sin hacernos cargo de nuestro Frankenstein, que será Dios cuando lo vuelva a acompañar la gracia…

El Riquelme que le gritaba al mundo “Carlos Bianchi es mi segundo padre” es exactamente el mismo Riquelme que murmuró “de Carlos Bianchi no opino”. Lo que cambió es nuestra óptica sobre el personaje. Lo que se ha movido es la aguja que oscila entre la gloria o Devoto, entre el amor y el odio.

Riquelme fue, es y será esa persona díscola y huraña, que enamoró a los fanáticos a través de su talento sin par. Riquelme es, fue y será siempre ese artesanal manipulador de palabras, que serán alabanzas hacia sus amigos íntimos, o dagas filosas para sus enemigos. Riquelme es.

No es verdad lo que afirmó Riquelme. Él no se tomó todo este tiempo para decidirse por Argentinos. Borghi me dijo a mí que Riquelme le había dicho que no, porque quería retirarse en Boca. ¿Qué cambió, entonces? Nada. Simplemente creció la escalada violenta entre el presidente Angelici y Riquelme hasta un punto sin retorno. Riquelme sigue siendo el mismo Riquelme de Boca, aunque ahora sea la Paternal el patio de su nueva casa.

Riquelme pensó en Riquelme, como siempre. Y no le importó resignar su objetivo real para no perder la batalla. Y está bien. Porque no se traicionó. Riquelme siempre fue así, guste o no guste, caiga quien caiga.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino