(RISAS)

No nos reímos. Ese es el robo más grande de la historia que hemos sufrido los argentinos.

Desde hace un tiempo a la fecha, así van a la bolsa los de ayer y hoy, y no se encienden mechas de fanáticos de políticas o políticos, dejamos de reírnos. Ni en bóvedas ni en cuentas offshore. Sólo se escuchan gritos. No se escucha la risa sarcástica, cínica, filosa, el humor negro, el último recurso que salvó del colapso intelectual a tantas generaciones de mujeres y hombres de este suelo magnífico. Y no me refiero a la alegría; eso va y viene. Ni a la felicidad, ese estado de contento sereno, aturdido por tantos estímulos; hablo del escudo que nos protegió de lo imposible de asimilar, de lo inverisímil hecho tapa de diario. La risa como recurso final antes que el suicidio colectivo. La risa de Peña mientras moría de cáncer, la risa de Sabat hecha tinta roja en la frente de Nisman, la risa de Olmedo desde Costa Pobre, la risa como paliativo, como alimento de cerebros destruidos o estómagos vacíos… Ya no nos reímos. Y tengo miedo de que ese enchufe no se pueda conectar, otra vez, para escucharte reír, otra vez. Reírnos de todo, de todos, de nosotros mismos… Payasos tristes. Humoristas duros. Un showman transa, vencido… Silencio, por favor, que estamos aturdidos… Hoy me voy a reír. Hoy voy a hacer la revolución. Hoy voy a salvar mi vida. Hoy te voy a ayudar a olvidar por un ratito, que no es negar; es el gran secreto criollo; es vomitar la contaminación con una carcajada brutal. Alivio.

@JuanButvilofsky