SOLTAR, por @JuanButvilofsky

Forzar una explicación lógica, para acomodarla al resultado más ilógico que se recuerde en años, es tan absurdo como negar a esta realidad que Gallardo no logró asimilar.

Su River, el mismo River que conquistó Sudamérica, tiene la cabeza en otro lado. Porque el River del semestre pasado era una sola cabeza colosal, inquebrantable, con veintidós piernas al servicio de una idea madre. Y este River de cristal enjaula a once cabezas dispares. El Barovero eterno decide jugar una final desgarrado; el Funes Mori que marcaba el pulso moral de todos, como central, hoy es lateral de recambio; Ponzio perdió su lugar (y la fe) de manera increíble; Pisculichi no le acierta al arco; Rojas juega y negocia contrato; y Teo, quien jamás fue más trascendente que Mora, se mudó a Europa y dejó a un extra que apenas puede reemplazarlo. La unidad mental que hacía de este equipo un bloque, hoy es la causa de un presente de pesadilla. La Copa Libertadores se hace polvo, desde un grupo insólito. Se va un tren vacío, y se va despacio…

Retener a quienes ya habían dado todo amanece como la razón de este colapso. No leer los ciclos cumplidos es responsabilidad de Gallardo y los altos mandos. River todavía tiene una vida. Si el DT nota hacia dónde va el viento, quizás, recupere el buen paso. Si insiste en mirarse de frente al espejo de ayer, las once cabezas que reman distinto van a terminar de hundir a este barco.