Sueñe, Carlos… Por @JuanButvilofsky

Todos, alguna vez, quisimos salirnos del sistema y escapar hacia el mar, para abrir un bar en la playa. Al menos esa era una de mis fantasías primarias… Me soñaba descalzo, con el torso desnudo, cubierto tan solo por un harapo blanco, cargando una bolsa liviana con frutas frescas, bien temprano en la mañana. En mi imaginario, antes de servir unos tragos, nadaba una hora en el mar azul (sin el harapo), reposaba otra hora de cara al sol (sin el harapo), saludaba a Luis Miguel, que atendía una barra vecina (con el harapo), y regresaba hasta mi lugar en el mundo, para ofrecer “Sex on the Beach”, “Tequila Sunrise” o algún “Pinocho sin Alcohol” (para las doncellas embarazadas)…

-¿Sabés todos los veranos que vas a tener que laburar, pibe, para recuperar la inversión? ¿Tenés idea de lo que te va a cobrar la Municipalidad por alquilarte un cachito de playa? ¿Y si te cae bromatología, y te encuentra una sandía vencida? ¿Cuántas sangrías le vas a preparar a la Policía? ¿Te vas a levantar todos los días a las cinco de la mañana, para ir a comprarle la fruta a Miguel, el verdulero de la otra cuadra? ¿Quién suponés que te va a pelar los pomelos y las naranjas? Y andá hoy mismo a la cama solar, porque en marzo vas a estar blanco como esta sábana. Mejor aprendé un oficio. No conozco a un solo tipo que se haya hecho millonario vendiendo licuados de banana-…

Los argumentos de un buen amigo, mi otro yo, el Yan, el terrenal, finalmente, postergaron mi idea primaria… Carlos Bianchi imaginó a su tercer ciclo en Boca como yo imaginé a esa barra en la playa. Jamás se pensó aplastado por la realidad de un equipo que se arrastra, sin estilo ni alma. El contraste monumental le desgarra el ego, lo nubla, lo transforma en el enemigo solitario de un ejército de fantasmas. El primer paso para Bianchi es la reconciliación con su amigo bueno, el canillita, el que soñaba. Un poco de colores oníricos le va a pintar de colores ese racimo de canas. Volver a creer en algo, en vez de enojarse con lo que le pasa. De eso se trata. A partir de él, brotará la cascada… Este es el humilde aporte de un barman que trabaja de periodista deportivo (sin el harapo), de frente a una PC en su casa.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino