SUEÑO…

Qué lindo era cerrar los ojos de niño, de noche, cuando te deban la orden, para abrirlos al día siguiente, temprano en la mañana… Era tan solo cuestión de segundos. Uno hasta podía elegir qué soñar, o al menos dar el consciente puntapié inicial, para que el inconsciente infante hiciera el resto con gracia…

Mi abuela Inés calentaba un ladrillo. Mi abuelo Chilo llenaba su bolsa azul de goma con agua caliente. Y por último, después de encender la estufa y clausurar la puerta del frente con un candado, transformaban a un sillón del living en mi mullida cama… Apenas cerraba los ojos me subía a una bicicleta, pedaleaba unos cincuenta metros, enfrentaba a un precipicio, pero no frenaba: me dejaba caer, aferrado a mi bici, porque mi máquina rodado dieciséis flotaba… Así me adentraba en el sueño profundo, liviano, con el sol de frente, pedaleando con alas…

Cada vez nos agobia la realidad que nos marca el lomo con su látigo de doce meses, llega otro nacimiento. Llamá a este suceso con el nombre que quieras. Interpretá a la metáfora religiosa como prefieras. O limitá el suceso a una fecha. Todo vale. Se trata, al fin y al cabo, de reducir la velocidad, de bucear hacia adentro, de meditar cada acción, de cosechar de cada error, de brindar por los aciertos, y de compartir la vivencia, a corazón abierto, con todos los que hacen de tus días tu vida. Y a pesar de que es tan solo otro instante, uno más, es otro nacimiento. Sos vos, mejor que ayer, pariéndote. Ese es mi deseo para todos en vísperas de este nuevo instante. Serenidad, sinceridad, perdón y fe, que nada tiene que ver con un concepto abstracto, vinculado a lo místico. Les deseo empírica convicción de que se puede ser un poco que ayer. Pedaleando, liviano, deseo que nazcan niños, otra vez.

@JuanButvilofsky
FOTO: Chico de la Luna.