“TIEMPOS DE CAMBIO, O CAMBIO DE TÉCNICO”, por @JuanButvilofsky

Es impactante, y algo perturbador, descubrir la otra cara de esas personas brillantes, magnánimas, cuando se apagan las luces del contexto que las realza. Somos nosotros, al fin y al cabo, quienes idealizamos de manera exagerada a determinados pares. Y esa imagen distorsionada es la que genera las contradicciones que nos aplastan. Somos absolutamente compasivos con los ídolos, generalmente, cuando cumplen con nuestros mandatos. Somos extremadamente crueles con estos prohombres, casi siempre, cuando fallan. Y despotricamos contra sus egos monumentales, mirando hacia algún costado, sin hacernos cargo de nuestro Frankenstein, que será Dios cuando lo vuelva a acompañar la gracia…


Ramón Díaz y Carlos Bianchi descendieron desde los cielos de la idealización hasta el subsuelo lúgubre, territorio de comunes que jamás habían visitado. Ellos, por nosotros, están desconcertados. La sonrisa cómplice de ayer hoy es mirada desafiante. El Pelado y el Virrey no soportan manchas de barro en sus trajes blancos.

Sus equipos lucen anacrónicos, extremadamente elementales. Sus cuerpos técnicos son una subestimación a la competencia profesional o, mejor dicho, una sobre estimación a los súper poderes que ellos, por nosotros, creían tener por siempre. Las campañas de River y Boca (más allá de la “aceptable” sumatoria xeneize), no están a la altura de las instituciones que ellos gobiernan. Si, gobiernan. Porque los clubes sin política deportiva entregan llaves y cheques en blanco a las estampitas. Y después son rehenes de los caprichos de los dueños, y hacen o deshacen a partir de sus imposiciones, casi siempre desmedidas.

Los ciclos de Ramón Díaz y de Carlos Bianchi se terminaron. Y esto no es un reclamo desubicado que grita por sus salidas. Quién soy yo para atentar contra los puestos de trabajo de dos profesionales. Lo que se ha terminado es una manera de actuar, obsoleta, ombliguista. La modernidad bien entendida entiende al entrenador de fútbol, y al cuerpo técnico que lo potencia, como a un eslabón de una cadena bien definida: institución con política deportiva consensuada, a partir del sentido de pertenencia con la ciudad, su historia, los logros, los ídolos, las formas y la economía; un entrenador-gerente con una bajada bien específica; colaboradores idóneos; futbolistas funcionales a la idea madre; instalaciones acordes; y tiempo, sin histeria, para que no se pierda la línea.

Los ciclos de Ramón Díaz y Carlos Bianchi se terminaron. Depende de ellos, y de los clubes que los contienen, ser parte vigente de lo que, inevitablemente, se avecina.

Por @JuanButvilofsky para @TablonArgentino