UN FUTBOLISTA ENAMORADO, Por @JuanButvilofsky

Tengo un prejuicio, y necesito compartirlo. Estoy seguro de que absolutamente todos los jugadores de fútbol son malabaristas. Existen esos que se animan a exhibir sus dones cada domingo, y los otros, los tímidos, los que también cuentan con esa gracia, pero no la dejan ser porque le temen al qué dirán (o al ridículo).

Concebir al hecho de ser futbolista como a un trabajo forzoso se parece a un error. Esa, supongo, es la razón primaria que desencadena tanto espectáculo decadente. Es la misma razón, supongo, que les ata los pies a los malabaristas que laburan en el balompié argentino. La diferencia entre un recurso técnico bello y una falta de respeto hacia un colega es gigantesca. Estoy seguro de que los jugadores vernáculos también la conocen. Privar al espectador de un aplauso, cuando se tiene con qué enamorar, transforma a la fiesta dominical en un pasatiempo abúlico, definitivamente aburrido. Y no me vengan con eso de que lo único que importa es ganar de cualquier manera. La súplica no atenta contra la esencia inherente a este deporte, ni desconoce al costado sociocultural de la Nación que lo alberga. El ruego es un reconocimiento. Señores jugadores de fútbol, sean quienes realmente son, y cada espectáculo deportivo será más entretenido.

El análisis contempla la ira que deforma al fanático cuando la pelota no entra, y tiene en cuenta la falta de proyectos y de paciencia de la gran mayoría de la dirigencia deportiva. Tampoco ignora a la parte que nos toca a nosotros, los periodistas. Sólo se trata de regresar hacia la excelencia. De no guardarse nada. De reformular las máximas que rigen a un juego que involucionó hasta convertirse en un duelo cruel y extremista. Estoy convencido de que absolutamente todos los jugadores de fútbol son malabaristas. Estoy convencido de que no es lo mismo un profesional que trabaja de jugador de fútbol que un futbolista enamorado. Si los profesionales que trabajan de futbolistas se animan a ser, serán malabaristas. Por cada futbolista enamorado, un malabarista. Por cada malabarista siendo, un espectáculo fantástico garantizado.

Este es mi homenaje a Román, el último Diez, el dueño de la Bombonera, el malabarista con botines, el declarante imbatible, el Che que nunca bajó la mirada ante dirigentes ignotos y hasta ninguneó a Diego, el que bailó al Real Madrid, el más influyente un de la historia xeneize, que hizo de un templo su patio, y de su ego un monstruo, que lo separó de su amor eterno, despechado. Se fue en Argentinos, donde nació. Nació de Boca, y así se irá. Amar a la pelota, por sobre todas las cosas. Conducción y acción. Su magia, el legado. Juan Román Riquelme, un futbolista enamorado.


Por @JuanButvilofsky